jueves, 13 de septiembre de 2012

¿PORQUÉ NOS CUESTA TANTO CAMBIAR?

Septiembre suele ser el mes de los “a partir de ahora”: a partir de ahora tendré una dieta saludable, todos los días haré ejercicio, aprenderé inglés, tendré más paciencia, me tomaré los problemas de manera distinta... Sin embargo la mayoría de veces estos propósitos acaban en simple propósito. Puede que “cambiemos la conducta” durante un mes, unas semanas o unos días. Pero sin saber cómo volvemos a nuestra conducta habitual, pero ¿Porqué? Todas nuestras rutinas son aprendizajes que acaban afianzándose en nuestra vida y lo hacen porque cualquier conducta que realicemos muchas veces se convierte en algo “conocido”. El cerebro necesita caminar sobre seguro, dar explicaciones sobre lo que no entiende, el ser humano no soporta muy bien la incertidumbre. Imaginad al hombre prehistórico decidiendo que tomará una nueva ruta para llegar a su cueva. Un camino nuevo en mitad de un paisaje despoblado de edificios , de seguridad y lleno de animales salvajes. Desde luego ese hombre se lo pensaría dos veces antes de aventurarse en su nuevo reto si no hubiera una necesidad apremiante. Lo normal es que continuara por su ruta conocida y segura. En este caso es normal y aconsejable caminar sobre seguro, el problema es que el cerebro aprende a funcionar así. Es decir, aunque una conducta en el futuro nos pueda traer problemas, para el cerebro constituye parte de la rutina, de las pequeñas cosas que hacemos día a día y que hacen que la mente se sienta segura. Para el cerebro no hay nada más reconfortante que prever lo que va a pasar, saber cómo nos vamos a sentir y cómo debemos reaccionar. Por eso cuando pretendemos hacer un cambio profundo en nuestras vidas, que afectará a nuestras rutinas, nuestro cerebro se defiende. ¿Cómo lo hace? Nos convence de que no es el momento, de que no tenemos tiempo, de que por un día que hagamos lo de siempre no pasa nada... En definitiva, el cerebro quiere que vuelvas a la rutina porque es fácil y segura. Es cierto que hay personas que cambian su vida, por supuesto, pero eso es porque tuvieron las herramientas necesarias para soportar el malestar del cambio, para no dejarse convencer por sus pensamientos y volver a lo de siempre. La fuerza de voluntad son herramientas para soportar la incertidumbre, lo nuevo, el cambio. Además, todo cambio requiere de una adaptación, por eso si quieres cambiar algo no te tires de lleno al océano, empieza por una humilde piscina. Si el cerebro percibe que estamos apunto de dar un cambio brusco se rebelará, pero si se empieza por un pequeño cambio (aunque constante) se adaptará y querrá más. Cambiar radicalmente no suele funcionar, de hecho cuando funciona, suele ser porque nos hemos visto en la necesidad imperiosa de hacerlo, es decir, porque no teníamos otra opción. Por eso hay personas que después de pasar años sin conseguir seguir una dieta ni hacer ejercicio, consiguen hacerlo cuando su salud corre un grave e inminente peligro. Nos cuesta cambiar porque estamos cómodos y seguros donde estamos, pero eso no siempre es lo más saludable ni lo que nos hace más felices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario