
Algunas veces, tras periodos de tensión o estrés, las personas dejan de cuidarse y un día al mirarse al espejo dicen: “no me reconozco”. Pero en este tipo de casos lo que no reconoce la persona es el comportamiento que le ha llevado a descuidar su aspecto, su salud, su autoestima, etc.
Pero
imagina que un día te miras al espejo y lo que no reconoces es la
cara que refleja ese espejo. Y tampoco puedes reconocer la cara de
las personas que están a tu alrededor.
Todas
esas caras son desconocidas. Hasta que , por fin, alguna de esas
personas te pregunta a qué viene esa cara de asombro. Entonces sí,
su voz es familiar y puedes saber de quién se trata. Hasta que deja
de hablar.
Esto
es lo que le ocurre a alguien que sufre prosopagnosia (del griego:
prosop “cara”, a “no”, gnosia
“conocimiento”).
Es decir, se trata de la incapacidad para reconocer caras y aunque
sí son capaces de reconocer objetos y animales, pueden no distinguir
las particularidades de los mismos. Por ejemplo: pueden saber que
cierto animal pertenece al grupo de las aves, pero pueden no
distinguir un gorrión de un canario.
La
prosopagnosia suele aparecer tras una lesión en la circunvolución
fusiforme, zona del cerebro
donde confluyen la corteza temporal y occipital. Esta región se
activa cuando identificamos casos particulares de objetos, animales
o personas que pertenecen a un mismo grupo, por ejemplo: observamos
a alguien y sabemos que se trata de una persona, pero además
sabemos que esa persona pertenece a la categoría hermano/a.
Así la circunvolución
fusiforme, se encarga del reconocimiento de categorías y, una
lesión en este área puede hacer que la persona se mire al espejo y
no sea capaz de reconocerse.
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