Nuestra
historia personal se forma a partir de experiencias, recuerdos,
sensaciones y situaciones que se forman a lo largo de nuestra
existencia. Sin embargo, el ser humano no es objetivo, ni siquiera
(o mejor, especialmente) en lo que a nuestra historia personal se
refiere.
Cada
recuerdo se almacena junto a una experiencia emocional, es decir, la
infomación que guarda el cerebro está bañada en los sentimientos
que esa situación nos produjo.
Además,
cada vez que se recupera un recuerdo y se proyecta en la consciencia,
ese recuerdo se modifica y describe dicho recuerdo, de formas ligeramente distintas
cada vez. La memoria no es un simple almacén, sino que interactúa
con aquello que hemos vivido, seleccionando ciertas partes, obviando
otras, modificando ciertos detalles, añadiéndolos o retirándolos.
Lo que seguramente esté presente de la misma forma es la sensación
que esa viviencia nos produjo en su momento.
A
esto debemos sumarle la coherencia lógica con la que cada uno
conforma el hilo argumental de su propia historia. De esta forma, no
solo el recuerdo en sí, se ve en cierta forma alterado, sino que
también se adecuarán a nuestras creencias y valores.
Esto
no quiere decir que todos nuestros recuerdos sean falsos, más bien
se ven enriquecidos u empobrecidos dependiendo de aquellos que
sintamos al respecto y de nuestras creencias.
Es
cierto que existen, sin embargo, recuerdos falsos, a los que damos
veracidad por la nitidez con los que los recordamos. Sobretodo en lo
que a se refiere a recuerdos de la infancia.
Jean
Piaget (Psicólogo, Epistemólogo y Biólogo suizo) explicó,
respecto a los falsos recuerdos, un experiencia personal para dar
cuenta de cómo incluso los recuerdos más arrraigados pueden estar
alterados o incluso no existir:
Piaget
describió con todo detalle un intento de secuestro que vivió siendo muy
pequeño, secuestro que evitó la niñera que lo acompañaba. Tenía
ese recuerdo grabado en la memoria y podía dar incluso ciertos
detalles de forma clara.
Sin
embargo, muchos años después del acontecimiento, la niñera confesó
que el intento de secuestro había sido una invención suya, nunca
sucedió. Lo que recordaba Jean Piaget, era la historia que la
niñera había contado muchas veces y a la que la mente de Piaget
había transformado en recuerdo, con imágenes, colores, sensaciones
y detalles.
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